El Libro del Misterio: ¿HOMBRES VOLADORES EN ITALIA?

19:12

Del libro de Jacques Bergier, Georges H. Gallet y el equipo del "Giornale dei Misteri" titulado "El Libro del Misterio" tomamos un capitulo de Sergio Conti bastante curioso y que ha permanecido inédito en internet (al menos en nuestro idioma).

Como dice la presentación del libro, éste se encuentra constituido por los misterios sacados de la revista italiana "Giornale dei Misteri" y del cual el amplio conjunto de investigadores  dan vida al texto dividiéndolo en cuatro interesantes capítulos:

1.- Las Civilizaciones Desaparecidas
2.- Los Extraterrestres entre Nosotros
3.- Los Seres Extraños (de donde sacamos el fragmento que hoy presentamos).
y 4.- Fenómenos Extraordinarios.

La siguiente historia puede parecer muy fantástica y difícil de tomar en serio, pero ya antecedentes parecidos los pueden encontrar en el libro de Jacques Vallee “Pasaporte a Magonia” y en muchas leyendas de los pueblos antiguos y civilizaciones olvidadas.

Como sea, un pequeño relato que espero estimule “la curiosidad” dormida en estos tiempos donde si no hay evidencias físicas que lo acompañen, no es considerado un relato cierto (y si llegan a haber evidencias, es muy probable que estas sean falsas).

Saludos y a portarse bien, que portarse mal lo hacen todos.


¿HOMBRES VOLADORES EN ITALIA?
Por Sergio Conti

El grupo de investigadores de los fenómenos insólitos L'Iperbole, de Prato (Toscana), ha estudiado recientemente un caso realmente increíble explicado por una persona cuya probidad no puede ponerse en duda. Aunque pueda clasificarse dentro de la categoría de los "misteriosos objetos celestes", presenta unas características que hacen de el un fenómeno sin precedentes.
El testigo es un tal B. A., de Liorna. En la actualidad (*) es funcionario y, tal como estaba moral y legalmente en su derecho, ha pedido que se le mantenga en el anonimato.
El suceso ocurrió durante el verano de 1945. B. A. no se acuerda exactamente del mes y del día; era en agosto o setiembre. Estaba haciendo entonces su servicio militar en la Marina y se había embarcado en el acorazado Duilio, que estaba anclado en Tarento.
Desde el puente de dicho navío, B. A. presencio el extraordinario fenómeno. Hablo de el con muy pocas personas, encontrándose siempre con la incredulidad y la burla. Alberto Costanzo y Loris Innocenti tuvieron que vencer las reticencias de aquel hombre cortes y reservado para hacerle evocar sus recuerdos con la mayor precisión posible.
— ¿Que puedo decides? —empezó—. Los vi como los estoy viendo a ustedes, los observe y recuerdo exactamente como eran.
B. A. tenía entonces veintidós años y su unidad estaba en el puerto. Aquella tarde eran algo más de las siete. El joven marino se aburría. El toque de queda no le permitía bajar a tierra, y el equipaje estaba consignado a bordo. Mientras se paseaba por el puente, se acerco a uno de los grandes gemelos de la Marina que utilizaba el equipo de observación. Para matar el aburrimiento se le ocurrió mirar a través de ellos. El puente estaba desierto y, además, la falta no era grave. Retiro la funda de protecci6n y dirigió el aparato hacia el sol poniente. La luz no era muy viva y los ojos podían soportar un instante el rojizo resplandor del astro. Luego, B. A. desplazo el ocular hacia el cielo, todavía claro y azul, con un lento movimiento para observar la degradación de los colores.
Entonces ocurrió lo que nunca podrá olvidar y que llegó a condicionar en parte su carácter, obligándole a interrogarse de vez en cuando para convencerse de que no era un visionario y de que lo que había visto era real.
En el ocular de la lente se enmarcaba un grupo de "cosas" que planeaban en formación arriba en el cielo.
¡No podía creer lo que veían sus ojos! ¡Era una  "escuadrilla" de formas humanas!
Podía distinguirlas perfectamente. Se recortaban netamente en el azul del cielo.
Veía los rasgos de los rostros, que eran similares a los nuestros. Observo sus cuerpos enormes y poderosos. Aquellos seres eran ciertamente muy grandes, casi de tres metros de altura ("grandes como esta pieza", dijo textualmente B. A.). No podía apartar sus ojos de aquella visi6n y logro captar todos los detalles. Todo el cuerpo de aquellos seres estaba cubierto de plumas. El rostro estaba enmarcado por largos cabellos, de un azul oscuro en algunos y de un rojo también oscuro en otros. En el extremo de los muslos nacían dos patas desprovistas de plumas, de aspecto robusto, que terminaban en tres garras de la longitud de un brazo humano. Daban la impresión de tener una fuerza enorme. "Habrían podido levantar un buey", indico B. A. Habían adoptado una formación en V y el primero hablaba o al menos movía la boca como Si hablase, vuelto hacia su compañero de la derecha.
No tenían brazos, sino dos alas grandes y potentes, con ayuda de las cuales planeaban, como si estuvieran a punto de tomar una decisión.
Vivamente impresionado por este espectáculo, B. A., una vez pasado el primer momento de estupor, miro instintivamente a su alrededor para ver si había algún otro testigo que confirmara su visión. Estaba solo. Se esforzó por dominar el miedo que lo invadió y recuperar su sangre fría. Volvió a poner el ojo en el anteojo. Los seres misteriosos habían desaparecido. Oriento la lente en todas direcciones. No sirvió de nada, el cielo estaba vacío.
Entonces intentó poner en orden sus ideas. Se concentro en la visión que había impresionado su retina unos instantes antes. Recordaba claramente cada detalle. Los seres eran una quincena. Pensó un instante en un nuevo tipo de ingenio volador militar. Pero la hipótesis no tenía consistencia. No había nada de mecánico en las criaturas que había visto. No podía tratarse de aves. Su comportamiento excluía esta hipótesis. Poseían un rostro humano y movían los labios como si hablaran.
Le vino a la mente otro detalle que no se le había ocurrido en aquel momento. Aquellos seres planeaban manteniendo el cuerpo vertical, lo cual no ocurría con ningún ave, al menos que é1 supiera. ¿Y como explicar su súbita desaparici6n? ¿Quienes eran? ¿De dónde venían?
Volvió a poner el capuchón sobre la lente. Sentía una extraña sensación. Estaba seguro de no haber tenido una alucinación. Pero nació en el una duda sutil que jamás le abandon6 a partir de entonces. Ha vivido siempre con la esperanza de encontrar otra persona que haya visto lo mismo que é1 y que, al poder confirmar su testimonio, le pudiera dar la certeza de que no había sido victima de un trauma psíquico.
He aquí los hechos. Sin ningún documento y sin ningún otro testimonio, es difícil interpretarlos sin recurrir a la explicaci6n alucinatoria. No obstante, B. A. es, por una parte, un hombre perfectamente equilibrado, de espíritu lucido, práctico y objetivo. Por otra parte, la historia esta llena de fenómenos inexplicables del mismo género, que tuvieron por testigos a hombres totalmente normales, pero que tropezaron con la incredulidad general y fueron tratados de mitómanos y de iluminados.
Éste fue el caso, por ejemplo, de un tal Comaro Orsini de Genova, que tuvo una experiencia análoga mientras estaba pescando en Bocca di Madra. Esta vez no se trata de un hombre volador, que recuerde a la vez los querubines bíblicos y las sirenas-aves de la mitología, sino de una sirena-pez. Tenía un rostro de mujer enmarcado por unos cabellos verdes, y emergió a poca distancia del testigo, al que miro unos instantes. Aunque la escena fuera muy breve, Orsini tuvo tiempo de observar algunos detalles importantes, como la cola de pescado de color «azulado».
Conocemos a B. A. Es un funcionario escrupuloso y un hombre perfectamente digno de estima. Su viva reticencia a hablar de cosas tan fantásticas había en su favor. Esta atormentado desde hace años por este recuerdo que no puede considerar como fruto de una imaginaci6n exaltada, pues sabe que lo vivió en plena consciencia.
Esta nueva pieza, que viene a añadirse al expediente de los hechos extraños que parecen acreditar la existencia real de criaturas consideradas hasta ahora legendarias, abre sobre la mitología unas perspectivas vertiginosas...

* Aproximadamente a comienzo de 1970, el libro fue escrito en 1975.

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2 comentarios

  1. Amigo, apenas vi tu comentario sobre el caso de Salvador Villanueva, espero me disculpes y si aun te sirve, puedes agregar la entrevista a tu blog solo ponle el link de donde la tomaste... Gracias y un fuerte abrazo.

    Roberto S. Contreras Esparza
    conexionparanormal@hotmail.com

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  2. Hola Roberto, no te preocupes, pese a que ya hice el post sobre Salvador, luego hago un anexo e incluyo el reportaje tuyo que es muy interesante... Te aviso cuando lo haga para que lo revises.

    Saludos!!!

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